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Texto y Audios: Marcos Vizcarra. Fotos: Luis Brito y Cortesía de la comunidad desplazada

11 de Diciembre de 2016

Sinaloa: donde la sierra expulsa personas

La violencia y la pobreza han obligado a 36 mil 560 sinaloenses a abandonar sus hogares para sobrevivir. En el 2011, cuando la violencia arreció, pidieron auxilio al Ejército, que se mantuvo impávido ante el éxodo. Los desplazados, ahora, intentan rehacer su vida en colonias periféricas de las ciudades.

Cuando la señora Esperanza Hernández Lugo dejó su casa en Ocurahui, en 2012, pensó que volvería tan pronto como el Ejército controlara la violencia que inició con el asentamiento de grupos armados en la sierra de Sinaloa, pero no fue así. Ya pasaron casi cinco años y sólo ha pisado una vez más ese lugar, en donde no vio mas que desastre.

 La familia Hernández invadió una casa abandonada en las orillas de la ciudad de Culiacán, los que habitan el lugar suman 27 personas entre niños, jóvenes y adultos mayores que fueron expulsados de la Mesa de Sinaloa de Leyva.  Foto izquierda: Luis Brito.
 Las fotos de las derecha a los largo del texto fueron tomadas por la señora Esperanza Hernández, en la única visita que ha tenido después de haber sido obligada a irse de su hogar, la visita fue hecha por mujeres, los hombres no quisieron ir por miedo.


“Cuando nosotros salimos de nuestras comunidades jamás pensamos que iba a ser por todo este tiempo. Nosotros pensábamos que íbamos a pedir el auxilio del Gobernador, que se nos iban a mandar a los militares, pedimos una base militar para contar con más seguridad, pero en el caso de nosotros, ni siquiera llegaron los militares”.

Ocurahui es una de las 13 comunidades del municipio de Sinaloa, del estado con el mismo nombre, que fueron abandonadas por la violencia criminal. En el año 2012, 600 familias dejaron el poblado, unos 3 mil adultos y niños, para instalarse en otros lugares como Guamúchil, Choix, Guasave y la cabecera municipal de Sinaloa.

La violencia, dice la señora Esperanza, arreció en 2011, con la llamada ‘guerra contra el narcotráfico’, pero fue hasta el 2012 cuando grupos armados se instalaron en los pueblos de la Sierra Madre Occidental, como un escondite de la militarización en las zonas urbanas, pues ahí no había, ni hay, vigilancia de la Policía o el Ejército.


Los 18 niños no se encuentran cursando la escuela, y acarrean agua que los vecinos les venden. ( Eso pasaba en ese momento ) Foto izquierda: Luis Brito.


Los habitantes resistieron la violencia hasta ese año, pero no sólo en el municipio Sinaloa, sino en los otros 17 municipios del estado. En total, 36 mil 560 personas al año 2016 habían dejado su hogar obligados por la violencia, según la Comisión de Defensa de Derechos Humanos de Sinaloa. Esto representa el 1.3 por ciento de la población total de la entidad.

La mayoría de los desplazamientos han ocurrido en zonas serranas, las que más carecen de personal de seguridad, según informes de la Secretaría de Desarrollo Social y Humano de Sinaloa.

Las principales comunidades expulsoras son Ranchería La Noria en Culiacán, Ojo de Agua y Las Palmillas en Escuinapa, Tecomate de la Noria y el Tiro en Mazatlán, La Meza y El Zapote en Sinaloa, El Oro, Tararán, Madriles, Puerto La Judía, Real Blanco y Los Laureles en el municipio de Choix; Corral Quemado en Mocorito, La Ladrillera en Badiraguato, Zaragoza en Ahome, Cieneguilla y Platanar de los Oliveros en Concordia, y El Llano en Angostura.

De acuerdo con esa dependencia los desplazados se reubicaron en Badiraguato, Sinaloa, Elota, El Fuerte, Mocorito, Cosalá, San Ignacio, Mazatlán, Rosario, Salvador Alvarado, Concordia y Culiacán.

En seis de estos municipios -Concordia, Choix, Sinaloa, Salvador Alvarado, Mazatlán y Culiacán- se instalaron colonias de personas desplazadas a través de fondos federales, pero en el caso de Choix y Sinaloa las condiciones de seguridad no fueron suficientes y volvieron a ser abandonadas.

Esos informes estatales en los últimos cuatro años han vuelto a sus hogares alrededor de dos mil 500 personas, es decir, sólo el 7.4 por ciento del total de personas desplazadas.


Decenas de familias Raramuris que habitaban la sierra fueron desplazados de entre 11 y 13 comunidades como la Culebra, Tacopaco, Corral Quemado y las Juntas. Foto izquierda: Luis Brito

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Óscar Loza Ochoa, activista y enlace de la Comisión de Defensa de Derechos Humanos, dijo que el incremento de desplazados se debe a la violencia, pero se origina en la falta de empleo y servicios.

“Nosotros hemos hecho nuestra parte, atendiendo a los desplazados en sus momentos más críticos y recomendando en su momento lo que le corresponde a la autoridad en este campo, pero el Estado y la sociedad no pueden continuar con los brazos cruzados mientras el problema de los desplazados se vuelve una olla de presión con la válvula atascada”, expresó.

 
Desde el 2012 salieron huyendo de la Mesa en Sinaloa de Leyva, después de que llegarán a su pueblo los grupos del crimen organizado, para llegar a vivir en la miseria. Foto izquierda: Luis Brito.


La señora Esperanza Hernández Lugo no ha podido volver a su pueblo Ocurahui, porque no hay seguridad para hacerlo, aunque otros vecinos se han arriesgado regresar.

 
Se mal ganan la vida haciendo pan de rancho y los hombres trabajando de peones. Foto izquierda: Luis Brito.


Para calmar las ansias de estar en la sierra, dice, encontró un lugar en Guamúchil, Salvador Alvarado, con un patio grande, en el que hay árboles altos que dan una sombra que cubre la casa que renta, donde vive con sus tres hijos y hace tortillas de harina para venderlas, como lo hacía en su Ocurahui.

“En el censo que yo tengo de las familias, tengo conocimiento que como cinco familias han regresado. Es el anhelo de todos regresar a nuestras comunidades, nuestros ancianos están muriendo en ese anhelo en regresar, inclusive lo piden, que antes de morir regresar a sus comunidades, ¿usted cree que nos íbamos a negar al regreso si hubiera garantías de seguridad”, dijo.

 En  Choix adaptaron una casona para escuela comedor donde toman clase  niños y adultos Raramuris. Foto izquierda: Luis Brito.