La catástrofe invisible de Patricia

Texto: José Ignacio De Alba. Foto: Arturo de Dios Palma

15 de diciembre de 2015

Los otros desaparecidos… de Chilapa (1/3)

A Gilberto Abundiz su familia lo identificó en la fotografía de un diario local. Su espalda desnuda dejó ver el tatuaje de un ala de murciélago. Había desaparecido 83 días antes, en la puerta de su casa, mientras regaba las plantas. Como él, muchos otros han desaparecido en los últimos años en Chilapa, un municipio de la zona centro de Guerrero donde gobierna la impunidad

CHILAPA, GUERRERO.- Una niña con uniforme escolar tocó en la casa color rosa de la familia Abundiz Sánchez para decir que la llave de la manguera estaba abierta y que las flores se estaban ahogando. La hermana de Gilberto vio el torrente de agua que llegaba hasta la boca-calle y se preguntó por qué su hermano había dejado encharcado el jardín frente a la casa y se había ido sin zapatos. Ese día, Gilberto Abundiz no regresó. Su celular dejó de recibir llamadas esa noche. Era el 30 de marzo de 2015. Francisca Sánchez, su madre, no pudo dormir; ni esa, ni muchas noches que siguieron.

Al principio, las esperanzas se volcaron en que estuviera secuestrado. Una semana después entró una llamada al teléfono de la casa de sus padres, pero nadie respondió. Días más tarde, alguien dejó un papel debajo de la puerta que decía “Se Busca Tesa”. La llamada y el mensaje fueron indecifrables para la familia, ávida de noticias.

La idea del secuestro perdió vigencia. Después de todo, ¿quién querría secuestrar a Gilberto, si la única relación que tenía con Chilapa era su familia, un par de amigos y una casa de descanso en sus días de vacaciones?

Gilberto era de la clase de personas que tienen un momento de clarividencia a las 4 de la mañana, mientras fuman un cigarro y escuchan música. Era un artista plástico al que no le importaba tener un hoyo en el bosillo todo el año. Un provocador de discusiones de sobre mesa que se hacía llamar Aureliano Maldía, y era un amante de la lectura. En Chilapa estaba su familia y una casa a la que siempre podía volver, desde que había decidido irse a estudiar a la Universidad Nicolaíta, en Morelia, Michoacán.

Había llegado de vacaciones a Chilapa un par de meses antes. Su amigo, Héctor Jaimes –quien también está desaparecido --, le ofreció un trabajo temporal en la producción de un video documental sobre uno de los oficios con más tradición en la región: el pan artesanal de Chilapa.

En esas estaba cuando se lo llevaron.

 

El miedo

Chilapa es un municipio que une a La Montaña con la la zona centro de Guerrero. Tiene poco más de 100 mil habitantes y su tasa de homicidios se duplicó en los últimos tres años. Pero lo que más asusta a los chilapenses es impunidad con la que la gente “desaparece”.

En Chilapa, la violencia se ha ensañado con los pobladores. Las fachadas de las casas están martilladas por las balas. Los negocios cierran temprano y en las banquetas hay cruces en señal de que ahí murió alguien, como si fueran calzadas de cementerio.

Los grupos delictivos que pelean el control de la zona --Los Ardillos y Los Rojos, ambos escisiones del cártel de los Beltrán Leyva-- llevan más de dos años en guerra por el territorio y cualquiera es blanco de un ataque. La locura confunde límites entre rivales y la impunidad se manifiesta en la relación de los politicos con las bandas criminales: en mayo asesinaron a balazos el candidato de la coalición PRI-PVEM a la presidencia municipal, Ulises Fabián Quiroz y en las bardas aparecieron pintas culpando al candidato oporsitor, Miguel Cantorán. Días después, el ex fiscal de Guerrero Miguel Ángel Godínez, aseguró que el entonces alcalde, Francisco Javier García, era investigado por tener nexos con Los Rojos.

Por eso, los Abundiz Sánchez optaron por el sigilo. Tenían miedo de denunciar la desaparición de Gilberto ante el Ministerio Público local, a cargo de Agustín Peña Fajardo, a quien los familiares de otros desaparecidos identifican también en la nómina de Los Rojos. Un padre de dos jóvenes desaparecidos asegura que las llamadas de amenza de muerte que ha recibido por buscar a sus hijos le llegaron después de que denunció y dio su número en el ministerio público.

“Al darnos cuenta que nadie sabía de él, y dada la circunstancia de Chilapa, obviamente nos quedó claro que alguien se lo había llevado”, dice ahora una hermana de Gilberto.

Lo mejor, pensaron, sería indagar por su cuenta. Empezaron con los amigos. Después, la búsqueda los llevó a hospitales y a la cárcel del municipio. Pero las listas de contactos se agotaron rápidamente, porque a partir de la desaparición de Gilberto, muchos vecinos comenzaron a ver con recelo a la familia. Estaban solos, con el apoyo de nadie.

En todo caso, su búsqueda quedó suspendida el 9 de mayo, cuando unos 300 hombres armados de las comunidades de Ayahualulco, El Jagüey, San Ángel y Xiloxuchicán se apersonaron en la cabecera municipal y durante cinco días tomaron el control del pueblo. Esa semana desaparecieron más de 30 personas, frente a decenas de agentes de la policía estatal, Gendarmería y Secretaría de la Defensa Nacional.

Siete meses después, nada se sabe sobre esos desaparecidos.

La nota roja

La irrupción de los hombres que sitiarion la ciudad atrajo la atención de organismos internacionales, entre ellos, la oficina en Mexico de la Alto Comisionada de las Naciones Unidas, que empezó a registrar casos. El gobierno mexicano externó su preocupación por el municipio y acrecentó el número de agentes policiacos en el municipio. La familia de Gilberto dio por terminado su silencio.

Aunque no se unieron al grupo de familiares de desaparecidos, el 17 de mayo, urgidos de noticias, los familiares de Gilberto presentaron la denuncia ante el ministerio público. Ese mismo día acudieron al Servicio Médico Forense. La primera respuesta que recibieron de las autoridades fue que ya había pasado mucho tiempo desde la desaparición y que lo más probable era que Gilberto ya estuviera muerto.

“En el Ministerio Público te dan un trato de la fregada, no te atienden como debe ser, no te tienen niguna consideración, para ellos solo son datos y punto”, dice, meses después, la hermana de Gilberto.

La joven tiene una expresión de desesperanza, como si le hubieran borrado la sonrisa desde hace mucho. Su madre, en cambio, permanece impasible, al borde de las lágrimas, pero después de contenerse un rato reclama, casi gritando y en un ahogo de respiración, que lo que les pasó es una injusticia.

Los Abundiz ratificaron la denuncia de la desaparición el 19 de mayo ante la Fiscalía del Estado y el 21 de ese mismo mes, declararon ante una unidad especial de la Comisión Nacional de Seguridad. Pero nada pasó.

Dos días después, la sección de la nota roja de un periódico local les dio la noticia que no habían querido tener en 83 días, desde la desaparición de Gilberto: En la contraportada del diario estaba la fotografía de tres cabezas –una de ellas cubierta con cinta canela--, en estado de descomposición y con las mandíbulas tan apretadas que parecían una sola pieza. Junto a la foto de las cabezas, había otra imagen de un torso desnudo. El tatuaje de un ala de murciélago en la piel le devolvió el rostro a Gilberto Abundiz.

La autopsia reveló que el dorso ya tenía un mes en estado de descomposición. Los peritos revelarían que la decapitación se las hicieron cuando aún estaban vivos, pues sólo un dolor así pudo haber que alguien tratara de suprimir el dolor así apretando las mandíbulas.

Los padres y hermanas de Gilberto siguen sin entender por qué se lo llevaron y por qué lo mantuvieron vivo un mes. Pero tienen muy pocas esperanzas de que las autoridades lo investiguen.

“Si no es porque vimos el periódico, quizá seguiría desaparecido”, dice su hermana. “Por parte de la PGR tuve una respuesta, así tajante de una licenciada que me dijo: ‘Nosotros solo vamos a investigar los casos sucedidos del 9 al 14 de mayo’. Para ellos, lo demás no es delito’”.

* * *

La historia de Gilberto, pasó a los medios nacionales porque Anna Gatica, una promotora cultural y amiga suya de muchos años, irrumpió en un foro en el que estaba la premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú poco antes de la jornada electoral. En su mensaje, Gatica dijo que desde el 26 de octubre de 2012 hasta el 30 de mayo del 2015 había contabilizado 50 personas desaparecidas en Chilapa, entre ellas Gilberto, y reclamó a los partidos politicos llamar a votar. “No podemos seguir pidiendo un minuto de silencio por los desaparecidos porque pedir un minuto de silencio por cada desparecido y por cada asesinado en nuestro país, en nuestro estado, es quedarnos callados para siempre”.

MAÑANA: Nadie ve, nadie sabe


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Texto: José Ignacio de Alba

Trotamundos, caminante y cronista 24/7.

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Fotografía: Arturo de Dios Palma

No sé como me vean los demás, pero yo me miro, y espero seguirme mirando por muchos años, como reportero. Tengo siete años reporteando y no sé si podría hacer otra cosa. [Bueno si podría hacer otras cosas pero en realidad, pero no quiero]. Informar, leer, buscar historias, conocer lugares, personas, ritos, escuchar voces nuevas, me tiene muy entretenido como para pensar en hacer otra cosa. Pienso que el periodismo es una herramienta que puede ayudar a sacar al país de la oscuridad.