Texto: Fabián García. Fotografías: Hugo Cervantes

20 de Febrero de 2017

Nayarit, la vuelta del miedo

 El 9 de febrero el terror regresó a la capital de Nayarit: el Operativo Barcena, coordinado por La Marina, ejecutó desde un helicóptero y sin órdenes de captura a presuntos integrantes del Cartel de los Beltran Leyva. Desde entonces la ciudad es vigilada por aire y tierra y cualquier ciudadano puede ser detenido. La reanudación de la violencia en el estado es vista como parte de los reacomodos del Cartel de Sinaloa, tras la extradición de su líder más visible: el Chapo Guzmán 

TEPIC, NAYARIT.- El 14 de febrero a las tres de la tarde, vía telefónica, la Fiscalía General de Nayarit confirmó a reporteros la autorización para ingresar a la casa de la colonia Ampliación Lindavista, donde murió (“abatido” por la Marina) Juan Francisco Sánchez Patrón, más conocido como El H2. 

Llegamos al lugar que se encontraba acordonado y fuertemente custodiado por la Policía de Nayarit; hicimos fila para entrar a la casa donde el gobierno mexicano masacró, desde un helicóptero, a 8 personas acusadas, sin previo juicio, de ser integrantes del cartel de los Beltrán Leyva. Decenas de vehículos transitaban la zona, se detenían y capturaban fotos desde su celular, como si se tratara de algún recorrido turístico.

“Luz verde, adelante hay que apurarse, señores, porque otros quieren entrar”, nos instruyeron. Cruzamos una calle empedrada y separada por matorrales del resto de otras lujosas residencias; en el ambiente aún se percibía el olor a pólvora, aunque ya habían pasado cuatro días de la balacera.

La fachada dejaba ver el lujo y la comodidad de quienes habitaron el lugar. El terreno es enorme, pero a las puertas de caoba, los ventanales y el portón, se les cayó la riqueza el 9 de febrero, con cientos de perforaciones de los proyectiles de un poderoso calibre .50, que fue el usado en el ataque. “Nadie podría sobrevivir a un ataque así”, pensé.

Entramos por el área de la alberca, el piso tenía una textura extraña, unas partes cenizas y otras más oscuras. Mi compañero fotógrafo y yo tardamos en entender que todo lo que pisábamos era pólvora, fragmentos de vidrio blindado; lo más escalofriante fue encontrar juguetes: una pistolita de agua, ropa interior de niños, un flotador para nadar, una vela decorada de pastel y un pequeño letrero a colores que decía “Happy Birthday”, a un lado del agujero de bala.

Continuamos el recorrido por la mansión. Cerca de una regadera, a un costado del acceso a la casa, una mancha negra y el aroma a sangre fueron la indicación del lugar exacto donde quedó destrozado el cuerpo de Juan Francisco Sánchez Patrón.

“No se rindieron”


El jueves 9 de febrero transcurría con normalidad en una ciudad pequeña como Tepic, donde la mayoría de la gente se conoce y lo único que se puede hacer en la noche es ir “de antro”, o a centros botaneros y cantinas.

Los exclusivos bares V.I.P o casinos que hay en la ciudad están reservados para políticos o narcotraficantes, clientes frecuentes y bien atendidos por las generosas propinas que dejan. En el “Play City” de Plaza Fórum, Daniel Issac Gárate, el Dany, H9 o El Señor de Las Tanquetas –quien fue muerto a tiros por policías y marinos en el poblado de El Ahuacate al día siguiente de la masacre-- gastaba 800 mil pesos diarios, y que siempre se le veía rodeado de siete escoltas armados y alertas.

En la colonia Lindavista, una zona habitacional de clase media, nadie imaginó ese jueves que se realizaba un sigiloso operativo. El sonido de las hélices de un potente MI dio las primeras alertas de lo que veía. Los accesos carreteros a Nayarit fueron bloqueados por retenes del Ejército, la Policía Federal y agentes de élite de la Policía Nayarit. Mientras las Fuerzas Armadas rodeaban por tierra una lujosa residencia, el helicóptero de volaba a baja altitud sobre la zona. A las 8 de la noche, comenzaron a escucharse las primeras ráfagas de cuernos de chivo y explosiones de granadas. 

Cientos de mensajes comenzaron a correr por Facebook y Whatsapp: “no vayan a la colonia San Juan y Lindavista hay una balacera”. El temor que quedó en la memoria colectiva de la violencia de 2010 y 2011 había regresado. 

La Operación Barcena, a cargo de la Marina, fue para liquidar a Sánchez Patrón, señalado por las autoridades como líder del cartel de Los Beltrán Leyva en Nayarit y el sur de Sinaloa.

Desde el helicóptero se lanzaron miles de disparos: exactamente 500 balas por segundo. Simultáneamente un vehículo Humvee derribó un porrón de la residencia donde se encontraba el H2 y siete hombres más. Todos fueron abatidos –eufemismo para nombrar ejecuciones extrajudiciales en México- con artillería pesada.

El enfrentamiento duró aproximadamente una hora. Con un teléfono celular, ciudadanos lograron capturar en vídeo del momento preciso del ataque aéreo.

La versión que dieron los agentes federales y que ocho días después confirmó el Fiscal General de Nayarit, Edgar Veytia, fue que ordenaron a los criminales rendirse, pero como no lo hicieron tuvieron que abatirlos. La pregunta que muchos se hacen es si con ese enorme poder de fuego, tuvieron alguna oportunidad de rendirse.


De vuelta al miedo


Nayarit está ubicado dentro del llamado Corredor Dorado de los cárteles de la droga, es el corredor por el que se transporta droga y armamento entre los estados de Jalisco, Durango y Sinaloa, según datos proporcionados por la D.E.A. (Administración para el control de Drogas, por sus siglas en inglés). 

Hasta hace unos años, el estado estaba bajo el control del cártel de Los Beltrán Leyva, quienes tenían resguardadas todas las fronteras para evitar la entrada a otros carteles. La plaza era deseada por Joaquín Guzmán Loera, quien durante años tuvo el control de la zona alta del municipio de Compostela, donde estuvo refugiado y donde contrajo matrimonio.

Pero el antiguo mapa que tenía distribuido el control, distribución y producción de droga ha desaparecido.

Nayarit vivió años de terror en 2010 y 2011, cuando la denominada guerra contra el narco que inició el entonces Presidente Felipe Calderón provocó que las bandas rivales se disputaron la plaza. En estas tierras coras se vivió de todo: ejecutados, levantones, narcomensajes, descuartizados, colgados, enfrentamientos y miles de muertes. Hasta que se impusieron de nuevo los Beltrán. Y más de cinco años sin balaceras ni enfrentamientos habían permitido respirar una relativa tranquilidad en el estado.

Ahora, la muerte del H2 deja un vacío preocupante entre la gente y la rumorología esparce el miedo: se habla de personas en estados vecinos que comienzan a reagruparse con vehículos y fuerte armamento. Las “tienditas” o “puntos” de venta de droga que estaban al servicio del H2 se encuentran cerradas. “Toda la gente está escondida, no saben a quién responder, tienen miedo y no es para menos, después de la limpia que andan haciendo”, relató un halcón (personas dentro de la estructura criminal que se dedican a vigilar y echar el pitazo).

Nayarit es la gema que distintos cárteles desean obtener, por lo que significa estratégicamente como un corredor de transporte o “fuera de radar” para las Fuerzas Federales. La racha de violencia que se ha desatado en este inicio de 2017 en el Pacífico mexicano -de Nayarit a Sinaloa- es atribuida al reacomodo de fuerzas después de la extradición de Joaquín Guzmán Loera a Estados Unidos

Lo único cierto es que la Operación Barcena y masacre del 9 de febrero terminaron con la racha de cinco años de tranquilidad en Nayarit y, abrieron un nuevo capítulo de la disputa del territorio que ambicionan los cárteles de Sinaloa y Jalisco.

En la casa donde fue “abatido” el H2 quedaron señales de fiestas y de vida familiar.

 

Pólvora, pedazos de vidrio y agujeros de bala cubren ahora la mansión donde La Marina ejecutó a 13 personas que presumiblemente eran criminales.

 

Los reacomodos en el cartel de Sinaloa, tras la extradición de su líder más visible, Joaquín Guzmán Loera, abrieron un nuevo capítulo en la historia de la violencia de Nayarit.

Los vecinos de la colonia recibieron la indicación de las autoridades de no hablar con la prensa para que los grupos criminales no tomen represalias.

La Marina negó las versiones iniciales de que había menores de edad en la casa que fue rafagueada desde el helicóptero; pero los reporteros encontraron juguetes y ropa de niños.

 

Operativos “de seguimiento”

 
Los vecinos de la colonia Ampliación Lindavista poco quieren hablar sobre esa noche. Tienen miedo, pero además, las autoridades les indicaron que no dieran detalles a la prensa. "Por nuestra seguridad, porque los narcos podrían tomar represalias contra nosotros", dijo una mujer comerciante.

Producto del ataque existen 13 cadáveres que no pudieron contar su historia, y que son señalados categóricamente como "delincuentes y asesinos" sin haber podido enfrentar un debido proceso ante la justicia mexicana: 8 que murieron en la colonia Lindavista (entre ellos un ex militar, un ex marino y un ex policía que presuntamente eran escoltas del H2, 4 más en el aeropuerto (en la madrugada del día 10) y el H9, abatido en El Ahuacate.

Según las autoridades, los 13 cuerpos ya fueron entregados a sus familias, aunque sus conocidos dicen que no saben no ha habido servicios fúnebres.

Diez días después de la masacre, Tepic es una ciudad vigilada por aire y tierra, con cateos a domicilios en los que se desconoce si existen órdenes judiciales; cualquier ciudadano puede ser detenido, interrogado, intimidado, por elementos policiacos del orden estatal o federal, con el argumento de que se trata de operativos de seguimiento.

La relación con periodistas que hacen preguntas críticas es tensa. Las autoridades argumentan que no pueden dar detalles por razones de “seguridad e inteligencia”.


Las prendas de niños y el “camuflaje social”

¿Hubo niños en la casa del H2 durante el enfrentamiento? Una fuente, de quien se reserva su identidad por seguridad, relató a este reportero que en el momento del ataque se encontraba una familia en la casa, incluidos niños pequeños.

La Marina, por su parte, fue contundente en su rechazo: “No hubo menores al momento del ataque”.

Las autoridades federales lo niegan, aún sin que se rinda un informe oficial de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la Fiscalía de Nayarit calificó nuestra pregunta en rueda de prensa de "rumorología".

En todo caso, las investigaciones deberán resolver por qué estaban esparcidos juguetes y ropa de niños en el lugar; la carpeta de investigación está a cargo de la Fiscalía de Nayarit, con el aval de la Procuraduría General de la República.

El Fiscal Edgar Veytia, llamado por algunos Fiscal de Hierro, es uno de los funcionarios más poderosos del gabinete del gobernador Roberto Sandoval Castañeda.

Curiosamente, Veytia era vecino de Juan Francisco Sánchez Patrón en la colonia Ampliación Lindavista. Solo dos cuadras separan sus residencias. Y cuando el periodista Antonio Tello le cuestionó si estaba consciente de ello, el fiscal respondió:

“Yo me di cuenta porque yo actué, yo estuve presente durante el operativo, como Fiscal del Estado me ha caracterizado ser de los primeros en llegar… Yo te puedo explicar de manera personal, no lo debo de decir y siempre lo he dicho, se pone uno en riesgo, pero a cuadra y media, dos cuadras tengo yo mi casa, mi casa donde yo cohabito con mi familia, y precisamente tú me preguntas ‘¿oye, porque no te diste cuenta de que vivían ahí?’. Oye, pues no ponen señales, no ponen letreros ‘casa de sicarios’. Precisamente en el marco del respeto, tienen el sigilo, tienen su actuación sigiloso, yo te puedo decir… simplemente te puedo decir que pasan desapercibidos, ellos hacen un camuflaje social”.


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Categoría: Crónicas y ReportajesMemoría / Masacres