Mujeres ante la guerra


Los Autores
15 de Enero de 2017

En los últimos 10 años el país ha estado sumergido en una situación de violencia generada por el estado y el crimen cuyas consecuencias aún se acumulan: miles de personas asesinadas, desaparecidas, encarceladas impunemente, torturadas, desplazadas de manera forzada.

En Pie de Página quisimos hacer un recuento de estos años para rescatar testimonios que han permanecido invisibles o silenciados, pero también resistencias colectivas o batallas individuales que son evidencia de la apuesta por la vida. Es parte del registro de la memoria de esta guerra que emprendimos en Periodistas de a Pie y para hacerlo nos inspiramos en el documento “Memoria para la vida. Una comisión de la verdad desde las mujeres para Colombia” y claramente en la obra “La guerra no tiene rostro de mujer”, de Svetlana Alexiévich. Por eso, elegimos hacerlo desde la mirada de las mujeres que han sido testigos y sobrevivientes de la violencia.

Imaginamos este proceso de recuperación de la memoria como una excavación arqueológica. Como si los primeros años de la guerra los periodistas levantamos lo evidente: los muertos. Después, quedamos frente a un horror más profundo y menos visible: las desapariciones de personas y los cementerios clandestinos a lo largo del territorio. Ahora, nuestro trabajo busca alcanzar aquellos espacios profundos hasta donde la violencia ha permeado de manera tan silenciosa, que muchas veces los protagonistas niegan o ignoran el impacto en sus propias vidas. Por eso, escuchamos con atención voces que hemos dejado al margen de las narraciones públicas. Aquí está la voz de las hijas de periodistas y activistas, de maestras de zonas conflictivas, de hermanas y amigas de jóvenes asesinadas, periodistas y mujeres desplazadas, mujeres forenses, psicólogas, policías comunitarias.

Presentamos este trabajo a partir del cuerpo de una mujer como símbolo del territorio. Cada una de las partes están representadas por verbos que ellas han activado ante la violencia: cuidar, amar, escuchar, abrazar, reiniciar, reconstruir, defender, hermanar, acompañar, recuperar, acuerpar. Así, las historias se pueden leer como una caja de herramientas para resistir.

Acercarnos a estos relatos no fue fácil. Implicó renovar la escucha para detectar rastros casi invisibles o normalizados de la violencia; enfrentarnos a respuestas con las que no nos sentimos cómodos, como la decisión de una maestra de no luchar por lo colectivo ante la necesidad de querer salvar su vida personal. Incluso, para las mismas mujeres que compartieron su testimonio, reconocer que su pérdida, como los recuerdos (materializados en los álbumes o fotografías que dejaron las desplazadas en sus casas al huir de la muerte) o la amistad (como una adolescente del Estado de México cuya amiga-hermana fue asesinada) merecen también un espacio en este recuento de las consecuencias de la guerra.

Entre los hallazgos destacamos varios. En muchos rincones del país la guerra había comenzado mucho antes del año 2006. Llegar, fue comprobar que lo hacíamos tarde. Otro hallazgo fue notar cómo en las memorias de las sobrevivientes y testigos de la guerra se diluye con otras violencias en sus casas o su comunidad. También pudimos ver que estos años de horror han dejado muchas más víctimas que las víctimas directas reconocidas por el Estado, las organizaciones y los ciudadanos mismos.

Este trabajo rescata aquellas capacidades que las mujeres han desarrollado por el papel que histórica y socialmente han adquirido: el cuidado, el hacer comunidad, la defensa del espacio como un lugar habitable. En el proceso vimos que el interés feminista de sacar la experiencia de las mujeres de estos ámbitos no siempre encuentra eco en la vida cotidiana. Algunas mujeres que contaron su experiencia no siempre reflexionaron que sus actos y resistencias les corresponden como mandato de género. Por el momento no es su lucha pensarlo así, sino que desde su posición deben sacar un sentido de vida. Este acercamiento nos hizo reflexionar que muchas veces vivimos el mismo espacio, pero no el mismo tiempo. Diferentes experiencias femeninas se sobreponen.

Este acercamiento a los relatos de mujeres nos permitió entender que las heridas de la guerra no declarada en este país son a veces invisibles, pero más profundas de lo que pensamos, que cruzarán generaciones enteras, a las que estamos obligados a escuchar y reconocer como parte del daño. Pero que, a pesar de eso, también hay lazos de amor profundos y de apuesta por la vida, que todos los días y de diversas maneras cuidan, hilvanan, curan, reconstruyen y nos permiten encontrar caminos hacia a la paz.

Los reportajes saldrán los domingos y jueves a partir del 15 de enero.

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En la siguiente imagen se muestra el ejemplo.

Ejemplo