Mujeres ante la guerra

Da click en las imágenes para expandirlas.

La memoria bajo la tierra


Un grupo de mujeres y hombres abandonaron la recuperación del pasado de México para desenterrar la memoria del presente. Crearon el Equipo Mexicano de Antropología Forense que acompaña, asesora, asiste a los familiares que buscan a sus desaparecidos, incluso bajo la tierra

Texto y fotos: Eunice Adorno
2 de Febrero de 2017

El Equipo Mexicano de Antropología Forense nació hace 3 años inspirado en los distintos grupos forenses de América Latina, como el Argentino, Peruano y Guatemalteco, que surgieron a su vez, obligados por la necesidad de desenterrar los crímenes de las dictaduras y guerras civiles y devolver el nombre y verdad a las víctimas.

Roxana Enríquez Farías y Diana Bustos Ríos, dos de sus fundadoras y egresadas de la Escuela Nacional de Antropología e historia (ENAH), abandonaron su trabajo como arqueólogas en Guanajuato y Michoacán y dejaron de escarbar en la memoria del México prehispánico para rescatar la memoria presente del país.

Roxana ya tenía experiencia recuperando cuerpos humanos, pues entre el 2007 y 2012 trabajó con la Fiscalía de Ciudad Juárez exhumando fosas.

“Llegué a Juárez por un proyecto de 3 meses. Entonces se veía que la violencia venía con todo, que habría venganzas. Muchos dijeron ‘vámonos’. Pero yo no pude, ya tenía un compromiso con este lugar. Y me quedé 5 años”. En el 2012, cansada anímicamente decidió volver a Guanajuato para continuar con la arqueología, cuando una invitación de Diana le hizo cambiar de planes y fundar el EMAF.

Campos de La Escuela Nacional de Antropología e Historia, ENAF

El EMAF está integrado por 7 forenses y dos estudiantes voluntarios y se sostiene con fondos de cooperación internacional. Diana considera que el efecto de la guerra, además del horror, fue detonar una capacidad organizativa de la sociedad y las víctimas que no se había detonado antes. Gracias a eso, también pudo formarse el Equipo que acompañan como peritos independientes a las familias que buscan a sus desaparecidos, ya sea en talleres de capacitación (donde se explican las herramientas forenses, las posibilidades y los límites para dar con la verdad), en la búsqueda y localización en terreno o en la identificación de los restos.

Búsqueda
Localización y recuperación
Análisis de evidencia
Identificación
Restitución
Verdad y Justicia

“Las familias nos nombran como peritos, en algún momento de la búsqueda o la identificación. Las familias suelen entrar en contacto con nosotros por recomendación de otros familiares. Nos reunimos con ellos para evaluar juntos el avance de la investigación y procedemos a explicarles en qué consisten las periciales en antropología forense y así ellos mismos van notando si lo que requieren es un peritaje en antropología o quizá en otra materia”, dice Diana.

“En los talleres ofrecemos herramientas técnicas, pero también de lenguaje y conceptos para que las familias puedan enfrentar y exigir a los funcionarios. Entonces las perlas de gusto que recibimos cuando vemos que la gente esta en control de su información. Las familias aprenden en medio de la confusión y ansiedad y en ese sentido el trabajo del EMAF es también un acompañamiento emocional”, agrega Roxana.

En los 3 años de trabajo han acompañado algunos casos.

Como la identificación de los restos de Mariana Yáñez, una estudiante del Politécnico Nacional de 18 años, que fue desaparecida en el Estado de México en el año 2014 y sus restos encontrados en el Río de los Remedios un año después. Con el Observatorio Nacional Ciudadano de Feminicidio, el EMAF intervino para hacer la identificación independiente pues los familiares tenían argumentos para desconfiar de los restos entregados por las autoridades judiciales.

También participaron en la exhumación e identificación de los restos de Brenda Damaris, con Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León, en el 2014. La joven fue desaparecida en el 2011 en Santa Catarina y un año después las autoridades estatales le entregaron una bolsa negra con restos, diciéndole que eran los de su hija, y que debía incinerar de inmediato. Desconfiados de los resultados, la familia enterró los restos hasta que logró un peritaje independiente. En esa ocasión, el EMAF trabajó en coordinación con el Equipo Peruano de Antropología Forense.

Parte del trabajo de Roxana Enríquez Farías y Diana Bustos, en su importante trabajo de campo. En la imagen el panteón Civil San Lorenzo Tezonco.


Han asesorado al Colectivo Solecito de Veracruz y acompañado a los familiares en la diligencia de búsqueda realizada por la Fiscalía Especial para Delitos de Violencia contra las Mujeres.

México se ha convertido en un país de fosas clandestinas. Los datos oficiales de la Procuraduría General de la República hablan de 224 fosas con 700 restos encontrados en el país entre el 2007 y 2016. La cifra es sumamente conservadora si se recuerdan tan solo los 193 restos encontrados en San Fernando, Tamaulipas en el año 2012; los 117 cadáveres recuperados en Tetelcingo, Morelos en 2016; las 88 fosas encontradas en Guerrero en los últimos dos años con 169 restos; las 62 fosas con al menos 148 cuerpos encontradas en el puerto de Veracruz por el Colectivo Solecito de Veracruz, también en 2016.

“Nuestros colegas de otros países nos decían que debíamos encontrar una estrategia para abordar la problemática de México, que tiene todas las temporalidades en desaparición, tiene todos los contextos, las víctimas no tienen solo un perfil social ni de edad, los perpetradores son muchos. Un panorama muy difícil, a diferencia de otros países”, dice Roxana. “Tristemente no hemos avanzado mucho en la verdad. El trámite burocrático tarda hasta 8 meses para acercarnos como peritos y hacer las exhumaciones, el cuerpo recuperado se va a la fosa común…”.

Roxana y Diana hablan de lo que encuentran bajo la tierra: cuerpos quemados, calcinados, desmembrados. Con sus manos tocan el dolor de quien busca y quien espera ser encontrado.

“Se me rompieron muchas cosas frente a la violencia, la confianza, la empatía… muchos normalizaron la violencia como mecanismo de violencia. Mi mecanismo, al contrario, fue ser consciente de que buscamos personas y de hacer las cosas con amor”, dice Roxana.

“Extraño no pensar en guerras. No pensar en guerra, en gente armada, matándose, no pensábamos en una guerra fratricida en donde parte de las disputas, el motín de cambio son los cuerpos de las mujeres, de cualquiera de nosotros. No pensábamos en la guerra, la verdad no”, dice Diana.

 Roxana Enríquez Farías y Diana bustos, con su traje de trabajo en sus oficinas en la ciudad de México.