Texto: Celia Guerrero.  Fotos: Celia Guerrero y Ana Ramírez

1 de Octubre de 2017

La advertencia ignorada en Iztapalapa y Tláhuac

Al menos desde hace una década, autoridades de Iztapalapa y Tláhuac sabían de los riesgos que fracturas en el territorio representan para los habitantes de estas delegaciones vecinas. Sin protocolos de protección o prevención, con el sismo del 19 de septiembre volvió a abrirse la tierra: 8 viviendas colapsaron, alrededor de 300 están dañadas y 200 familias viven en la calle

Salir fue peor que quedarse dentro del edificio durante el terremoto, cuentan los vendedores del mercado de la colonia del Mar, en la delegación Tlahuác. Sobre la calle de nombre Camarón, el piso de un lado de la acera se hundió medio metro. Nubarrones de polvo se alzaron en cada esquina. El sonido de la tierra abriéndose soterraba los gritos de quienes, al ver cómo el pavimento colapsó, dudaron dónde resguardarse. “Parecía un bombardeo”, dice una joven comerciante.

Semanas después del desastre, las cosas poco han cambiado. Aunque la gente intenta retomar la rutina, hay una cicatriz de aquél martes 19 de septiembre: una franja de tierra hundida —como una antigua herida o el cauce de un río seco— que atraviesa el patio de una casa, rompe la fachada de otra, de la cuadra entera; sigue sobre la esquina de la avenida, pasa de la delegación Tláhuac a Iztapalapa, hunde la mitad de una calle; divide un parque en dos niveles y continúa en su camino de destrucción por más de tres colonias. Los geólogos la llaman fractura y es la muestra superficial de un fenómeno profundo: una falla en el terreno. 

En el límite de estas dos delegaciones, los daños del terremoto se concentraron en las colonias El Molino, La Planta y Del Mar. Para sus habitantes, las fracturas o grietas y hundimientos son un riesgo conocido: suelen presentarse con las lluvias, cuando no temblores, o simplemente un día un camión pasa y su peso colapsa el piso. 

Hoy, la mayor evidencia está en el suroeste de la delegación Iztapalapa, donde la tierra se desplazó de forma vertical 95 centímetros y dejó 300 viviendas dañadas, según datos del Centro de Evaluación de Riesgo Geológico (CERG).

Una falla conocida

 
La destrucción en La Planta, Iztapalapa, comienza al sur, en la avenida Derechos Democráticos. En esta vialidad, que permanece bloqueada tres semanas después del terremoto, se instalaron algunas de las casas de campaña donadas por China, pero están vacías. El asfalto de los callejones de esta colonia popular está partido como tierra seca. El nivel de las banquetas baja y sube hasta un metro en algunos puntos. Las bardas, árboles, casas y postes siguen el rumbo del piso, unos serpentean, otros yacen derrumbados. Varias vialidades permanecen cerradas y las escuelas públicas aún no reanudan actividades. Son los resultados de vivir sobre una falla geológica.

Cuatro fallas principales en el suelo de la capital tienen influencia en los daños a construcciones durante los terremotos del 19 de septiembre, de acuerdo con el análisis del Mapa de Fracturas de la Ciudad de México, publicado recientemente por el Centro de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Centro Nacional para Prevención de Desastres (Cenapred).

La fractura de Iztapalapa es estudiada por geólogos de la UNAM desde el año 2007. Un año más tarde, con financiamiento de la delegación, inauguraron el Centro de Monitoreo de Fracturamiento del Subsuelo —renombrado más tarde CERG. Este tuvo una inversión inicial de 9 millones de pesos, según un primer reporte y su objetivo es estudiar la falla en ese lugar y, en coordinación con autoridades, “mitigar y prevenir” los riesgos a la población.

Antes del último terremoto, ninguna autoridad advirtió a los pobladores de la colonia La Planta que sus casas estaban sobre una fractura del suelo, aunque varios hundimientos recientes los alertaron.

“Se había solicitado apoyo a la delegación para atender la situación de la grieta. Ya con el sismo del 19 tuvimos el colapso de ocho viviendas en un inicio y la apertura de la falla geológica”, dice Benjamín Campos Mendoza, coordinador del comité vecinal.


 La fractura en la delegación Iztapalapa es estudiada desde hace al menos una década. Foto: Ana Ramírez

 

Lo que el sismo revivió es una vieja problemática no resuelta por las autoridades, que tienen ubicadas las zonas vulnerables desde hace al menos una década. En 2007, en Lomas de San Lorenzo (a 3 kilómetros de La Planta), una persona falleció al caer en una grieta de 10 metros de diámetro y 15 de profundidad, según reportes de la prensa. Dos años más tarde, en la misma colonia, la fractura rompió un ducto de Pemex y 14 familias fueron desalojadas y sus casas demolidas. En 2013, diputados en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal pidieron al gobierno federal y los locales un programa para la reubicación de 250 viviendas en alto riesgo por fracturas y hundimientos. Y la última solicitud para atender esta cuestión fue realizada por el diputado de Morena, Renato Josafat Molina, al gobierno de la ciudad, en agosto de 2016.

Campos se queja de que Protección Civil atendió el llamado de los habitantes de La Planta demasiado tarde. Fue hasta después del sismo, una vez que el daño ya había sucedido, que comenzaron a dar opiniones sobre las viviendas que debían ser desalojadas, con posibilidad de reparación, o demolidas y reconstruidas. Sin embargo, no entregaron ningún dictamen oficial.

Para los vecinos de La Planta hoy es claro que sus casas están en un terreno geológicamente inestable. Aun así, no hay autoridad que les de mayor información. Por ello, después de esperar más de dos semanas —a través del comité vecinal— solicitaron al Instituto de Geología de la UNAM que interviniera y realizara los estudios necesarios para saber si es viable volver a construir sobre el mismo terreno.

“Vinieron brigadas de la UNAM de arquitectos, de geólogos, de ingenieros, que fueron los que hicieron la labor de informar a los vecinos la gravedad en la que estamos”, dice Campos.

El grupo de arquitectos consideró que se debe realizar un estudio de suelo y con ello podrían generar una propuesta de construcciones adecuadas, quizás sin necesidad de reubicación.

Esto dependerá del tipo de fractura ya que cada una se comporta diferente, pueden estudiarse y plantear medidas de mitigación, aunque no en todos los casos, dice Mariano Cerca Martínez, geólogo integrante del proyecto colaborativo entre UNAM y Cenapred.

La posibilidad de construcciones más seguras en el mismo lugar o de reubicación, dependerá de los gobiernos responsables.

“Las autoridades deberían tener una opción, ahora que sabemos a qué estamos expuestos, estas zonas deberían estar marcadas y no volver a construir ahí”, dijo Carlos Valdés González, director de Cenapred en la presentación del proyecto.

El problema es que el tiempo pasa y la falta de atención está llevando a muchos a hacer reparaciones, como rellenar los socavones con tepetate que la misma delegación está repartiendo, denuncia Campos. Esto —añade— “es como tapar el pozo del muerto” porque no da solución al problema. 

Marginación y desastre

 
Un grupo de personas llegan a repartir ropa en la avenida Derechos Democráticos. En cuestión de minutos, la gente que pasa —damnificada del sismo o no— se acerca al bulto y comienza a elegir piezas del montón. Mientras, un par de niños en triciclo tratan de sortear el desnivel que el terremoto provocó en el camino de tierra del Centro Deportivo Cananea.

La Planta es una colonia catalogada con un grado de marginación “muy alto” y la situación del sismo, los derrumbes y las grietas, acompañados de la falta de servicios básicos, convierten el lugar en un caldo de cultivo de problemas.

Otras colonias adyacentes, en donde también hay viviendas y calles dañadas, como El Rosario y El Molino, tienen un grado de marginación “alto”.

Aunque la delegación acondicionó un albergue frente al mercado Cananea, la gente no asistió por temor a dejar sus casas abiertas a la rapiña. El vigilante del centro cultural que se volvió albergue afirma que algunos llegaron a ir por las despensas, pero luego de que nadie llegó a dormir, a dos semanas del sismo, la autoridad se llevó las colchonetas. Muchos de los damnificados llevan más de un mes viviendo con amigos o familiares, o a la intemperie y sin condiciones sanitarias.


Antes del terremoto, los vecinos de la colonia La Planta en Iztapalapa reportaron hundimientos en el suelo. Foto: Ana Ramírez

 

En opinión de Benjamín Campos es necesario adecuar el Plan de Reconstrucción de la Ciudad de México a las condiciones de las zonas de fracturas. En principio, porque el plan propone demoler y reconstruir en el mismo lugar. Pero, cuando existen socavones y hundimientos, la reconstrucción debe ser evaluada por expertos. Además, en cuestión de un mes el terreno sigue hundiéndose. 

Mientras la población espera a tener atención del gobierno, las cifras actuales son: cerca de 200 familias en condiciones de calle y 4 mil 800 vecinos en riesgo alrededor de la falla.

Reconstrucción en Colonia del Mar

 
María del Carmen Zurita recuerda que hace 35 años, cuando su familia llegó a vivir a la colonia Del Mar, el lugar era una zona de milpas, con pocas construcciones y calles de terracería. Cuando llovía, cuenta, se formaban lagunas que con los días desaparecían porque el suelo absorbía el agua. Por ello, María del Carmen sabe que el terreno sobre el que se sostiene su casa no es el más firme.

Hoy, la colonia Del Mar es una de las tres con mayor densidad poblacional en la delegación Tláhuac. Aunado a ello, los riesgos geológicos son reconocidos en los Programas de Desarrollo Urbano delagacional, al menos desde 1995. El programa actual señala al menos 31 fallas geográficas con incidencia en las colonias: Miguel Hidalgo (2), Villa  Centroamericana (3), La  Estación (1), Santa Catarina (2), San Juan Ixtayopan (3), Zapotitlán (1), Mixquic, (1) y Del Mar (18).

Después del temblor del 19 de septiembre, María del Carmen vio la casa que su mamá le heredó y, sin necesidad de dictamen, supo que era pérdida total. Semanas más tarde llegaron funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Social de la ciudad (Sedesol), quienes le entregaron un folio del Fondo de Desastres Naturales (Fonden). Pero nada más. Le dieron la orden de esperar el dictamen de demolición de Protección Civil y el estudio de suelo que determinará si el terreno es habitable o no. Mientras, María del Carmen y su familia viven en lo que sobrevivió de la construcción y duermen con su vecina, Alminda Calviño, en el lote de enfrente.

Aunque la casa de Alminda también está dañada. No es tan evidente, pero la banqueta está hundiéndose en una esquina.


La colonia del Mar colinda con colonia La Planta, en las delegaciones Tláhuac e Iztapalapa, respectivamente. Foto: Celia Guerrero

 

La orden de las autoridades es “Si pueden, váyanse”, pero Alminda es viuda y esa casa es lo único que tiene. En la planta baja construyó tres locales comerciales, los cuales renta para mantenerse. Con el sismo, la construcción sufrió daños pequeños, pero al pasar las semanas el edificio comenzó a inclinarse a un lado. Sus arrendatarios dejaron de tener ganancias y tendrán que dejar los locales porque no pueden pagar la renta.

“Con las vialidades colapsadas la gente que viaja en camión o carro ya no llega. Así que ya mejor me voy porque esto va para largo”, dice una de las inquilinas de Alminda.

Otros comercios en la zona parecen tener el mismo problema, incluido el mercado que luce poco concurrido; frente al cual ya comenzaron los trabajos de reparación de drenaje y rehabilitación de las calles.

Lo que aún no está claro es si los daños en la colonia Del Mar están relacionados con la fractura de Iztapalapa. En el mapa de la UNAM y Cenapred sobre fracturas y hundimientos, parecen no estarlo, pero este proyecto se realizó con información recabada antes del terremoto.


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Categoría:  Crónicas y ReportajesCobertura Sismo CDMX

Celia Guerrero


Celia Guerrero


Periodista y escritora. Cuento historias con fe ciega en la promesa de que el periodismo puede ser "un instrumento para pensar, para crear y para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta".