Texto: Ana Cristina Ramos y Daniela Rea. Fotos: Mónica González

19 de octubre de 2017

El cuidado después del sismo

Si en el sismo de 1985 el apoyo sicológico fue más bien instintivo, ante los sismos de este 7 y 19 de septiembre son varios los grupos de ayuda y las propuestas que han surgido para entender la tragedia y sacar de ella posibilidades de cuidado y ayuda.

Flora despierta todos los días y repite: Estoy bien, estoy saludable. Esa es una de las tareas que le dejó el psicólogo que la atendió desde Barcelona.

En una sesión de dos horas le contó que no sintió los efectos del temblor hasta que había pasado; a las 13:14 horas del 19 de septiembre del 2017 mientras la tierra se movía, su preocupación más grande era llegar a los tanques en la azotea de su casa porque esos sí se podían caer o explotar. Su casa se encuentra en la calle Congreso de la Unión, es una de las viviendas que entregó el gobierno a los damnificados del terremoto de 1985.

“Una vez que pasó el temblor, me dio el rebote; pensaba en mi hija que trabajaba en la Juárez, en qué había pasado con mi nieta, en los zapatos tan puntiagudos con los que siempre anda, quería salir a buscarla y el resto de mis hijas trataban de calmarme… hasta que la vi regresar con la niña a las 5:00 de la tarde ya logré calmarme”. Flora tiene 8 hijos y nietos.

Ahora cada vez que se mete a bañar lo hace rápido porque le da miedo que vuelva a temblar, siente que el suelo se mueve y tiene la impresión de que algo malo se acerca. “No necesita temblar para que pase algo", siente Flora.

El estado emocional de la señora Flora se reflejó en diferentes escalas el sábado 23 de septiembre cuando sonó la alarma sísmica a las 7:52 de la mañana, por otro temblor.

“'Estamos bien, ya pasó' me dijo mi hermana y mientras veía a mis vecinos, me preguntaba si eso era cierto".

Una experiencia nunca es individual

El día del sismo, Carmen tardó casi dos horas en volver del trabajo a la escuela de su hija, en la colonia Roma. Andaba sin señal de teléfono, con angustia, con miedo por un posible derrumbe en la escuela. Las mamás de los alumnos que estaban cerca de la escuela se quedaron acompañando a los niños cuyos padres no llegaban.

“Al llegar la vi sonriente esperándome en la banqueta. Los tranquilizaban y a partir de ese momento nos dimos cuenta que la prioridad era decirles a los niños que iban a estar bien, que no estaban solos porque además de sus papás y mamás, estaban sus amigos y las familias de sus amigos, eso les dio en ese momento la seguridad”. Para Carmen, ese cuidado significó saber que es parte de una comunidad que se preocupa por el otro.

En las siguientes horas se dieron cuenta que varios alumnos perdieron sus casas. Cuando volvió la energía eléctrica, y hasta ahora, ha operado la sociedad de padres de familia que tiene una tradición larga de hacer comunidad. Así se organizaron para cuidar a los niños, para alimentarlos en el corto plazo, para acompañar a quienes perdieron su casa, para desalojar la escuela.

“Por primera vez compartimos espacios íntimos, fue difícil, pero fue muy natural porque todos veníamos a ofrecer todo lo que teníamos. Es difícil decir que estamos felices, pero estamos acompañados, no nos sentimos solos, todos tenemos las mismas necesidades, pero nos organizamos para que los niños tengan su espacio de niños y los adultos de adultos. Para cuidar a la comunidad escolar, hay quienes deben mudarse porque perdieron su casa. Creo que ayudar hace que cada uno busque entre sus recursos qué es lo mejor para acompañar a quien pasa por lo mismo”. dice Carmen. “Tuvimos que aprender a acompañar y respetar, respetar los procesos de cada familia, tener una comunicación horizontal que permita cuidarnos”.

En estos días los niños grandes de secundaria hicieron una estancia para los más pequeños, los cuidan, los acompañan. Carmen habla de una “costra emocional”, su hija se colpasó una semana después del sismo. “Primero estaba feliz de vacaciones, pero ayer sí se me colapsó, me dijo lo que no pudo decirme en días, fue escucharla, apapacharla”.

En días próximos, Carmen necesitará un relevo para poder atender su trabajo que suspendió las primeras semanas de la emergencia.

El Colectivo de Prácticas Narrativas circuló en redes sociales “algunas ideas para responder en tiempos de crisis”. Una de las propuestas más importantes del colectivo es construir a partir de los recursos y saberes locales.

“En México hay una larga historia de respuestas esperanzadoras ante la tragedia. Es importante tener en cuenta que nadie es pasivo en momentos difíciles y que las respuestas que están tomando, vienen de un saber previo. Nuestra tarea es ‘historiar’ estos saberes para que puedan ser la base de acciones futuras”, propone Alfonso Díaz, del Colectivo.

Una de las apuestas más importantes de la Práctica Narrativa es el contextualizar siempre, en lo político y social, la experiencia de una persona, por eso una de las ideas que comparte es no individualizar la experiencia del sismo, sino dar prioridad a la participación y el fortalecimiento comunitario. “Hay muchas prácticas ‘psicologizantes’ que, de la mano con ideologías capitalistas, entienden la identidad como el resultado de un logro individual. En momentos de crisis esto puede contribuir al aislamiento de las personas reduciendo redes que puedan sostener acciones en el futuro”. En esta parte, el Colectivo propone integrar a niños, abuelos, jóvenes a las acciones de cuidado.

El Colectivo propone no patologizar a las personas con términos como “estrés postraumático”, no medicalizar la experiencia pues todos respondemos distinto ante la crisis, no psicologizar la experiencia de las personas individualizando y, sobre todo, sacando del contexto político al asumir que se sabe qué es lo mejor para los demás.

Por último, el Colectivo reconoce importante preguntar sobre el dolor como un testimonio. “Al escuchar historias de dolor, miedo, trauma o tristeza, inadvertidamente podemos contribuir a retraumatizar sino hay un contexto en el que antes se puedan nombrar los compromisos, valores, sueños, esperanzas o principios que sostienen a las personas, así como las habilidades para ponerlos en práctica”.

Por su parte, los protocolos internacionales de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, priorizan la atención emocional durante y después de un desastre, para contener y canalizar  el sentimiento de vulnerabilidad de las personas.

“El modelo de atención debe ir centrado en las necesidades de las personas, como la reintegración de la sociedad, la rearticulación de redes, reconstrucción de vida cotidiana y dignidad y validad de vida de los afectados”, se lee en el Protocolo de Atención en Salud Mental a Personas afectadas por desastres.

En él se aclara que es importante después de la tragedia realizar actos solidarios, descansar y comer bien en medida de lo posible, y sobre todo saber que los sueños y pensamientos recurrentes son normales y deben ser compartidos. Y se advierte que tan importante es la respuesta inmediata, como a mediano y largo plazo.

“Conforme avanza el tiempo hay un conocimiento y evaluación más detallada de la situación, de las pérdidas, se inicia un proceso lento y progresivo de recuperación, hay miedo a la recidiva, hay conductas agresivas. En esta fase se requiere mayor atención sicosocial porque se busca que las personas se adapten funcional y progresivamente a los antiguos y nuevos referentes sociales”.

Volver a la "normalidad"

Después de un mes la Ciudad de México regresa a la normalidad. El retorno a clases de dos terceras partes de escuelas se transformó en una de las preocupaciones más grandes de la comunidad psicológica, porque implicaba que los niños regresaran al lugar donde vivieron el sismo.

“Todavía hay niños que están temerosos de separarse de sus padres, por otra parte tanta espera les da para un imaginario catastrófico, porque como no regresaron mientras se arreglaban los permisos pensaron, ¿qué está pasando, tan mal está, qué voy a encontrar?”, dice Edith Zúñiga, directora de operaciones de la asociación Tech Palewi.

Para la comunidad de terapeutas es fundamental volver a la rutina. Sin embargo, este proceso de normalización es un arma de doble filo, por una parte es un proceso natural que permite resolver las secuelas psicológicas que dejó el temblor; por otra parte, conforme pasa el tiempo, la ayuda empiezan a reducirse y los procesos se dejan. “Puede ser que en el momento no asimiles lo que pasó y cuando te cae el veinte ya no hay apoyo o contención, lo importante es no soltar a la gente hasta que este lista”.

Tech Palewi es una organización no gubernamental de psicoterapeutas que se enfoca, desde 1998, en fortalecer a personas vulnerables y a quienes trabajan con estos grupos.

Después del sismo una de sus apuestas se enfocó en la capacitación de psicólogos para ampliar la atención a toda la población afectada, que los conocimientos adquiridos se compartieran con más psicoterapeutas y maestros fortalecidos. Durante el taller que impartieron el 26 de septiembre, Ana Gladys Vargas, la capacitadora les propuso “adopten una escuela, un hospital, de preferencia público”.

Entre las lecciones que imparte la capacitación, la primera se centra en un ejercicio para autorregular las emociones: respirar, una acción que propicia un rebalanceo químico del cuerpo y el cual, guiado por los maestros, puede ayudar a desplazar los pensamientos negativos, como imaginar que se inhala y exhala aire azul.

El segundo ejercicio ve el fortalecimiento de recursos, se le pide a los participantes que recuerden con sus cinco sentidos el momento en el que se hayan sentido más orgullosos de ellos mismos, para que se sientan nuevamente en control.

Por último se hacen una serie de ejercicios donde se narra o dibuja, cómo se vivió el temblor, qué sintieron, qué tan preocupados están actualmente, qué actividades le ayudan a relajarse, marcar en cada dedo de una mano quién puede ayudarte cuando estás asustado o preocupado.

Todas estas respuestas se exteriorizan, para recordarnos que no estamos solos en este proceso y fortalecer el sentimientos de comunidad.

“Un desastre no es el hecho en sí, si no lo que nos provoca”, explica Edith, “para una sociedad que está profundamente lastimada por el contexto de guerra o revive el terremoto del 85, el temblor es un factor que se suma a la depresión o traumas con los que está viviendo”.

Un reflejo del 85 

“El efecto más notable del terremoto del 19 de septiembre de 1985 fue el caos en el que se vio inmersa la Ciudad de México durante varios días. El Centro parecía una ciudad bombardeada. Cientos de heridos yacían bajo los escombros. Miles de personas buscaban a sus parientes y amigos. Muchos otros deambulaban por las calles sin entender lo sucedido” Este es el recuento que hace el psicólogo Edgar Galindo en la revista AMAPSI.

En 1985 los psicólogos todavía no eran valorados y no se tenía claro en qué consistían sus servicios, todavía más importante, no existían protocolos sobre, ¿cómo ayudar en una situación de emergencia provocada por un desastre natural? Y a pesar de eso el gremio se sintió responsable de salir a atender las situaciones emocionales en medio de la tragedia.

Las primeras dos semanas después del sismo salieron 17 mil voluntarios de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre ellos 47 profesores y 139 estudiantes de la facultad de psicología del campus Iztacala. Su trabajo duró desde un día hasta seis meses y colaboró en la atención de 16% de los damnificados.

Las tareas de los psicólogos se dividieron en tres comisiones: información y enlace que coordinó las brigadas y concentró los informes; abastecimiento, la cual se encargó de distribuir recursos y organizar el servicio de atención psicológica que se dio en la clínica Universitaria para los casos más severos, y la asesoría psicológica que diseñó, sobre la marcha, planes de acción en los albergues.

Entre las primeras evaluaciones que se hicieron en los albergues se identificaron dos tipos de problemas: los que provienen del desastre mismo y los que nacen de la convivencia forzada en los albergues.

 

En la publicación de AMAPSI, Intervención de los Psicólogos de la UNAM Iztacala después de los sismos de 1985 en México, Galindo concluye: 

"En pocas palabras cada quien hizo lo que pudo y la mayoría de la veces no supo si su tarea tuvo efectos positivos”. Pero esa experiencia puso las bases para la respuesta que el gremio tuvo 32 años después. 



En Oaxaca

A los oaxaqueños ya no les importa la magnitud, distancia o epicentro de las réplicas que se dan en su tierra, porque en todos sus rezos piden desesperados “¡diosito por favor que ya deje de temblar!”.

El Servicio Sismológico Nacional registró casi ocho mil réplicas desde el terremoto que devastó la zona Mixteca y el Istmo de Tehuantepec en Oaxaca el 7 de Septiembre.

Que la tierra se mueva no es algo nuevo en esta zona, la pregunta es cómo vuelves a normalizar estos eventos cuando dejaron 79 muertos, 800 mil afectados, 12 mil viviendas dañadas y malas condiciones en mil 140 escuelas.

Christian Skoog, representante de El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en México, plantea que lo que se necesita con urgencia es el regreso de los niños a las aulas, “la escuela, la familia  son los pilares que permiten una normalización, es necesario empujar a las autoridades para definir el estado de los planteles escolares.”

El 10 de octubre la Secretaria de Educación Pública anunció el regreso a clases de 511 escuelas en el Istmo de Tehuantepec, hasta hoy sólo una secundaria privada reanudó sus actividades; el resto de las escuelas siguen a la espera.

Genero Martínez Morales, secretario de organización de la sección 22, acusó al gobierno de emitir dictámenes favorables de los planteles por personal que no está capacitado y declaró que los niños no van a regresar hasta que se confirmen las condiciones de seguridad.

En Oaxaca la población en edad escolar de 3 a 24 años es de 1 millón 691 mil 868. La Unicef trabajó un plan de ayuda por los próximos tres meses que contempla la instalación de 15 espacios amigables para niños donde se impartirán clases y el apoyo a 30 escuelas donde se capacitará a los maestros para que puedan atender la salud emocional de los estudiantes.

“Estamos haciendo una cascada”, explica Christian Skoog, “la idea es darles un apoyo psicológico a los maestros, así como herramientas para que ellos a su vez puedan abordar los traumas de los niños, asegurarse de que se sienten bien e identificar a los que tienen más problemas”. 


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“Este trabajo forma parte del proyecto Pie de Página, realizado por la Red de Periodistas de a Pie. Conoce más del proyecto aquí: http://www.piedepagina.mx".

Categoría: Crónicas y ReportajesCobertura Sismo CDMX

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Ana Cristina Ramos

Periodista que sueña con pajares de agujas, misterios sin escribir y un mundo por explorar.

 

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Daniela Rea

Miembro de la Red de Periodistas de a Pie. Sus textos y fotografías han aparecido en distintas revistas nacionales e internacionales.

 

Mónica González

Mónica González

Fotógrafa egresada de Ciencias Políticas de la UNAM. Ha colaborado en distintos medios y revistas nacionales e internacionales.