Texto y fotos: José Ignacio De Alba

27 de Septiembre de 2017

El cementerio de los patrimonios perdidos

Este es un viaje al final de los objetos que pulverizó el segundo sismo más destructor de la historia de México. El último destino de los edificios que se derrumbaron el 19 de septiembre en la Ciudad de México; de los patrimonios de miles de personas, las cosas de quienes perdieron todo en 70 segundos

NEZAHUACÓYOTL, ESTADO DE MÉXICO.- Nos dirigimos al Bordo de Xochiaca en un tráiler que lleva 48 toneladas de escombros que el conductor acaba de recoger de lo poco que queda de un edificio en la colonia Del Valle. La procesión de las cosas no es funesta ni solemne; más bien, atiende a la lógica del mercado. José García, como acordamos llamarlo para cuidar su identidad, no tarda en decir, después de dejar el perímetro de búsqueda de desaparecidos: “vamos a vender unos fierritos”.

El sismo de 7.1 grados que se originó en el estado de Morelos convulsionó al centro del país. El conteo de muertos aumenta con el paso de los días y al final de la primera semana van 331, según Protección Civil. En la Ciudad de México, la gente que perdió todo se cuenta por cientos de miles, pero la tragedia tiene margen de ganancia para algunos

Por ejemplo, la compañía para la que trabaja José García tiene 20 camiones trabajando todos los días en sacar escombros. Esta empresa es contratista del gobierno, también está ocupada en la construcción del tren interurbano. Cuando García se refiere al terremoto que el 19 de septiembre acabó con miles de construcciones dice: “alguien tiene que hacer el trabajo sucio y estás de acuerdo que no lo va a hacer gratis”.

Por lo pronto García, muy discreto, vende una cubeta llena de tubería de cobre en la colonia Agrícola Oriental. El hombre dice después de cobrar 200 pesos: “ya saqué aunque sea para comer”, mientras sonríe, con más vergüenza que felicidad.

García es padre desde que cumplió quince años, también a los quince aprendió a manejar tráileres gracias a un primo. Dice que cuando empezó sí era negocio ser chofer. Al principio, recuerda, hacía viajes a Nuevo Laredo, Tijuana, San Luis Potosí, Cancún, por decir sólo algunos. Todavía recuerda el día en que un viaje lo llevó a la playa en Guayabitos, en Nayarit, donde se quedó tres días a disfrutar de la brisa del mar, de la cerveza bien helada y de ver muchachas en bikinis.

Pero desde que consiguió este trabajo se la pasa en obras entre el Estado de México y la Ciudad de México. Ni siquiera ve a su familia. Duerme en un pequeño camarote detrás de su asiento donde guarda una chamarra, un par de refrigerios que le regalaron los voluntarios del sismo, y un DVD donde le gusta ver películas de acción. Desde su cama se puede ver un San Judas que tare en el tablero del camión Kenworth, también se ve un atrapa-sueños colgado en el espejo retrovisor.

En la calle avanzamos con preferencia: los agentes de tránsito detienen coches y regañan a motociclistas para dejar pasar al tráiler que lleva los restos de lo que alguna vez fueron hogares en una clasemediera colonia de la capital. Desde la banqueta, mira las varillas y las tuberías de gas que se asoman desde la caja del vehículo. Los transeúntes se dicen cosas y señalan, algunos toman fotos con sus celulares, con el asombro de quien ve una casa reducida a un montículo de escombros.

El Bordo de Xochiaca está al oriente de la Ciudad de México. Paradójicamente Xochiaca significa lugar de las flores en el lago. Pero con el paso del tiempo pasó a ser el basurero de la segunda ciudad más grande del mundo. Del lago ahora no quedan más que unos charcos negros como el aceite y pestilentes como nada. Aquí llegan todos los días más de 12 mil toneladas de basura del Valle de México. Aquí dejaron de llegar las aves migratorias de Norteamérica, para que llegaran los desperdicios de comida, las mascotas muertas y los deshechos de las cirugías de la capital. Aquí caben todos los edificios que se cayeron en la colonia Del Valle.

El basurero es también una villa-miseria. Hay kilómetros de caminos, ríos de aguas grasas, un aire de hedores putrefactos y su fauna de perros rabiosos.

Una cuadrilla de trabajadores organiza y acapara todo lo que llega: varillas, calentadores de agua, colchones, postes de madera, coches, álbumes familiares, paredes, electrodomésticos, cuadernos, cuadros, jarrones, vajillas, un cajón con cubiertos, pero sobre todo ladrillos, azulejos, yeso, tubos y columnas son aplanadas por maquinaria pesada. El área donde están depositando los restos de la tragedia es un lugar especial, donde sólo hay trabajadores con uniformes del GDF (hoy convertido en CDMX).

Los hombres distribuyen su tiempo en ayudar a los tráileres a estacionarse y descargar y en buscar entre los escombros objetos que tengan algún valor. También separan los canceles de aluminio, los tubos de cobre o los colchones en montículos diferentes. Estos deshechos con tratamiento de basura es un jolgorio para el centenar de personas que trabaja en este sitio. En el suelo hay fotos de niños, portafolios, discos de música mexicana, revistas, relojes, cepillos de dientes.

José García descarga la caja con los 48 toneladas de escombros y un nubarrón de tierrilla se libera en el aire. Los hombres que están abajo del camión hurgando se tapan los ojos y la boca para buscar algo valioso entre las cosas recién llegadas.

García ha hecho, asegura, más de veinte viajes al vertedero de escombros. También dice que él no ha agarrado nada que no sean tubos de cobre

- ¿Por qué?- le pregunto.

-Porque aunque las cosas estén aquí siento como si fueran de alguien… no sé, sentiría gacho agarrar un balón y dárselo a mi hijo.

Dejamos el Bordo de Xochiaca y una parvada de garzas blancas vuela en el aire. También vuelan bajo aviones que están por aterrizar en las pistas del aeropuerto de la Ciudad de México.

 

 

 

 

 

 

 

 


Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor y la fuente.

“Este trabajo forma parte del proyecto Pie de Página, realizado por la Red de Periodistas de a Pie. Conoce más del proyecto aquí: http://www.piedepagina.mx".

Categoría: Crónicas y ReportajesCobertura Sismo CDMX

...

 

José Ignacio De Alba

Trotamundos, caminante y cronista 24/7.