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Texto: Daniela Pastrana. Foto: Mónica González 
11 de Diciembre de 2016

Los sin tierra mexicanos

Este reportaje se hizo con apoyo del Fondo Canadá para Iniciativas Locales

La humanidad vive la mayor crisis de desplazados de su historia: 65 millones de personas ha sido forzadas a huir de su tierra, según el último informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). De ellas, 40.8 millones son desplazadas internas, es decir, aquellas que se vieron obligadas a salir de su lugar de origen, pero no han cruzado una frontera internacionalmente reconocida.

América Latina registra 7.3 millones de esos desplazamientos, la mayoría de ellos en Colombia. Pero en los últimos años, México y Centroamérica comenzaron a aparecer en los informes mundiales como un foco rojo, sin que los Estados lo hayan reconocido.

En México, el único intento por documentar la gravedad del problema lo hizo la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH), que registró 281.418 casos de desplazamiento forzado por violencia entre 2011 y febrero de 2015.

La tercera parte de esas personas desplazadas huyó de sus comunidades en 141 desplazamientos masivos ocurridos en 14 estados del país. Los desplazamientos masivos son movilizaciones simultáneas de 10 o más núcleos familiares provocados por una misma causa, que “no cuentan con mecanismos ni instituciones para su protección o asistencia”, dice el informe.

El 11 de diciembre de 2006, el ex presidente Felipe Calderón anunció su "guerra" frontal contra el narcotráfico, una estrategia de seguridad militarizada que sumió el país en una fiesta de muertos y ausentes. La larga noche mexicana ha dejado en una década más 150 mil personas asesinadas, 30 mil desaparecidas y este fenómeno que apenas comienza a mostrar el rostro: el de miles de familias que han sido expulsadas de su tierra y obligadas a dejarlo todo.

Son las historias que aquí presentamos, que han obligado a 36 mil 560 sinaloenses a abandonar sus hogares en la sierra y ahora, intentan rehacer su vida en colonias periféricas de las ciudades. O las de una comunidad de la Costa Chica de Guerrero, el estado líder del top ten de desplazamientos forzados en México, que en cinco años perdió a 38 vecinos, asesinados por resistir a los talamontes vinculados al crimen organizado. O las de las familias indígenas de la Tarahumara, expulsadas por los grupos del crimen organizado y que intentan, como pueden, rehacer sus vidas.

Son desplazados. Despojados. Expulsados.

Son los sin tierra.