La violencia perpetua

Texto: Ana Cristina Ramos. Fotos: Mónica González.

13 de abril de 2016

La violencia perpetua (9/12)

Hace cinco años, Monterrey vio pasar a la Caravana de Javier Sicilia, cientos de familiares salieron a las calles a mostrar su dolor. Hoy, las víctimas se acumulan: desaparecidos, asesinados, cuerpo*ns mutilados en espera de recuperar su nombre

MONTERREY, MÉXICO.- Karina salió a buscar trabajo el 7 de abril del 2015 y no ha vuelvo a casa. Desapareció en algún tramo de la carretera de Apodaca, uno de los municipios conurbados de esta ciudad.

Julio César Oliva, su padre, fue a denunciar y tuvo como respuesta las mismas frases que las autoridades dan: "tu hija anda por ahí", "seguro se fue con el novio". Pero el hombre sabe que esto no es cierto: el record del teléfono deja ver que antes de su secuestro, la joven recibió mensajes de un número no identificado donde la amenazaban.

Rodeado por murales de Emiliano Zapata, en el Museo del Campesino en Monterrey, Oliva habla de su hija de 21 años, de sus 8 tatuajes, uno de ellos en forma de rosa con la frase “My life” en su muñeca.

"Este tatuaje yo lo interpreto como el dicho de que no se le toca ni con el pétalo de una rosa, pero también las rosas tienen espinas y yo espero que mi hija no se las haga fácil", dice refiriéndose a quienes se la llevaron.

Julio César no se cansa de mirar fotos de su hija en la casa cuando quiere verla a ella, cree reconocerla en una joven vestida de negro, con botas y las puntas del pelo pintadas de verde. Carga con la palabra “pronto” a cuestas, en la espalda y el corazón, porque no pierde la esperanza de que “pronto” pueda verla de nuevo.

Monterrey es la ciudad con mayor renta per capita del país y la segunda de América Latina. La zona metropolitana, formada por 12 municipios que concentran 80 por ciento de la población del estado, es considerada la “capital industrial de México”, pues aquí se asientan muchas de las empresas nacionales e internacionales más importantes. San Pedro Garza García, uno de estos municipios metropolitanos, tiene el Indice de Desarrollo Humano más alto de toda la república.

Hace 5 años, en junio de 2011, a esta ciudad norteña llegó la Caravana por la Paz, encabezada por Javier Sicilia. Entonces los familiares que salieron a las calles encarnaron los estragos de la violencia de la guerra contra el narco, como le llamó el ex presidente Felipe Calderón a una política de seguridad militarizada que ha dejado decenas de miles de personas asesinadas y desaparecidas.

Hoy, ante esta otra Caravana por la paz, la vida y la justicia, el reclamo de otros familiares de desaparecidos, como Julio César Oliva, dejan ver que la violencia no cesó ni la justicia llegó.

Sólo en el 2015, la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León (FUNDENL) recibió 110 casos de desaparición. De ellos, 70 por ciento no tiene denuncia formal por el miedo que tienen los familiares a ser amenazados, estigmatizados o criminalizados.

Leticia Hidalgo, madre de Roy Rivera, un joven que en enero de 2011 fue sacado de su casa por hombres armados y desde entonces está desaparecido, relata que los padres dejaron de esperar resultados de las autoridades y comenzaron la búsqueda por sí mismos. Esto, dice, ha sacado a la luz mil cuerpos y 200 mil fragmentos de hueso, en distintas fosas de Nuevo León, que aún no han sido identificados.

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Hace 15 años los zetas llegaron a Monterrey. Se les recuerda por ser los primeros en desatar terror a plena luz del día y en lugares públicos, así como por su precisión militar. En esos tiempos, eran el brazo armado del Cártel del Golfo, que ahora es su enemigo.

Les tomó 8 años en “ganar” la ciudad, pero su disputa con sus antiguos jefes tuvo secuelas; la toma de carreteras, secuestro de camiones y reclutamiento de jóvenes fueron los más evidentes.

Uno de los sucesos más macabros registrados en esta zona a partir de la instalaciones de los carteles ocurrió en mayo de 2012, cuando 49 personas fueron asesinadas y sus cuerpos desmembrados y arrojados en la carretera Monterrey-Cadereyta, otro de los municipios de la zona metropolitana. De esos torsos sin cabeza sólo se han identificado ocho personas migrantes provinientes de centroamérica.

Y hoy, la guerra continúa. Siguen Los Zetas y el Cártel del Golfo. Siguen los operativos, los militares, las desapariciones.

En su parade en esta ciudad, la Caravana por la paz, la vida y la justicia marcha por la calle Mier. Los padres los jóvenes que fueron desparecidos y miembros de la caravana le cantan a los regios, como se dice a los nativos de Nuevo León: “A tí que miras, también te están chingando”.

Julio César Olivares, el padre que busca a su hija Karina, permanece en silencio mientras el resto canta. En ese silencio, el hombre recuerda a su hija de 21 años, ahora desaparecida, acudir a las marchas contra la violencia y volver a casa con la pregunta constante: “¿cómo es posible que desaparezcan?”.


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Categoría: Crónicas y Reportajes, Violencia de Estado / Impunidad, Memoría / Desaparecidos, Especiales

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Texto: Ana Cristina Ramos

Periodista que sueña con pajares de agujas, misterios sin escribir y un mundo por explorar. Soy el tipo de periodista a quien le gusta descubrir: ¿cómo funciona las cosas, qué impulsa a la gente y por qué se mueve así la sociedad?

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Fotografía: Mónica González

Fotógrafa egresada de Ciencias Políticas de la UNAM.

Ha colaborado en distintos medios y revistas nacionales e internacionales.

Obtuvo la beca Fonca en la edición 2009-2010 y 2013-2014

Premio Nacional de Periodismo 2011 de Fotografía por el proyecto Geografía del Dolor. Premio Nacional de Periodismo 2006 otorgado por el Club de Periodistas de México y el IPN en categoria Fotografía Reportaje por su trabajo de migrantes en la frontera de Sonora y Arizona.