Guerrero, los otros desaparecidos

La cara miserable de la muerte

La cara miserable de la muerte

Son el rostro más crudo del abandono del Estado: mujeres indígenas y pobres, que buscan los restos de sus esposos, hermanos e hijos, con ramas y bolsas para el pan. Y los huesos salen de una tierra donde la impunidad rebasa cualquier límite. Porque en Chilapa nada detiene el espanto: ni los federales, ni el Ejército, ni la ONU.

El costo de apellidarse Carreto

A Bernardo Carreto, integrante del grupo de familiares de desaparecidos en Chilapa, lo acribillaron el 22 de diciembre enfrente de su familia (o lo que queda de ella). Tres meses antes, contó su historia a Pie de Página, en una entrevista que pareció premonitoria: “Si me vienen a matar, que lo hagan aquì, en la plaza”

32 horas en las que la policía sólo vio (3/3)

Hugo y Alejandrino Díaz Navarro, su primo y dos arquitectos, salieron de Chilapa para hacer un negocio. Cruzaron los linderos de una guerra que azota la región. Fueron interceptados y secuestrados

Nadie ve, nadie sabe (2/3)

En silencio y sin un acuerdo explícito, en Chilapa se ha constituido un anonimato colectivo basado en reglas fundamentales de sobrevivencia: no confirmar, no asegurar y no denunciar, por ningún motivo, alguna versión de un hecho de violencia

Los otros desaparecidos… de Chilapa (1/3)

A Gilberto Abundiz su familia lo identificó en la fotografía de un diario local. Su espalda desnuda dejó ver el tatuaje de un ala de murciélago. Había desaparecido 83 días antes, en la puerta de su casa, mientras regaba las plantas. Como él, muchos otros han desaparecido en los últimos años en Chilapa, un municipio de la zona centro de Guerrero donde gobierna la impunidad